jueves, diciembre 30, 2010

PHILIP GLASS: SATYAGRAHA

Antes de que termine el año, una música a la que siempre retorno, y que me causa muchas sensaciones, de diferentes clases.

Para los que admiran a Philip Glass, y para los que no le conocen. Disfruten y feliz año nuevo.

Primera parte



Segunda parte

domingo, diciembre 26, 2010

LEY SINDE (I): ¿ES POSIBLE EL DEBATE EN LA RED?

La Ley Sinde me ha ocupado horas en Internet, y algunas conversaciones recientes. Me he frustrado, me he enfadado, me he obcecado, me he calmado, he escuchando, he matizado y he aprendido. Pero ahora quiero hablarles de un tema perpendicular al que he retornado a partir de todo lo sucedido con esta ley. Es algo que me viene preocupando desde que soy más activo en el universo 2.0; este sistema de comunicación complejo, maravilloso, pero, también, acrítico, y no libre de esquinas oscuras.


Ante el tópico, no sé seguro si hay tal abismo entre nuestros mayores, y los más jóvenes, en cómo observan y juzgan las nuevas tecnologías. Sí sé que yo, por edad, y por actitud personal, estoy un poco entre medias. He leído suficiente ciencia-ficción (no olvidemos que es un género narrativo donde justo se cuestiona el efecto de la tecnología en el ser humano) para desconfiar de los avances, y no necesito el adjetivo geek para reafirmarme (al igual que tampoco se me ocurre usarlo para el insulto). Al tiempo, no vivo en una cueva, mi profesión me empuja a que conozca y maneje nuevas herramientas cada día, y tengo mi hueco en las redes sociales.

A partir de lo que ha sucedido con el SindeGate, Twitter ha probado que entre sus ventajas no está la de la promoción del debate. Y eso, pese al esfuerzo de Alex de la Iglesia, que, por cierto, tal vez genere en próximos tiempos una tendencia interesante: el autor que dialoga de modo directa con los posibles consumidores de su obra.

Pero, en general, en Twitter prima la inmediatez y no el diálogo. Es parte, claro, de su función primera; se suponía que sería un instrumento dirigido a que cualquier persona fuera una especie de informador independiente de la realidad. Como la propia blogoesfera, el invento parecía un paso más en la democratización de unos medios que ya no se encontraban en manos de unos pocos.

Por supuesto, como en cualquier obra de ciencia-ficción, las creencias positivistas chocaron pronto con el hecho. Las herramientas no tienen por qué cambiar el paradigma de pensamiento. Es más, pueden incluso sancionarlo.

Primera posible conclusión: la Red era y es donde estaba el debate, y, por el contrario, y por ilógico que pueda parecernos, no era y no es el espacio donde alcanzaremos acuerdos, y comprenderemos las posturas más encontradas.
Twitter pero, en parte, también los blogs, han sufrido una curiosa y quién sabe si contradictoria evolución. El primer cadáver ha sido aquello, aparentemente, tan poco propio de nuestros tiempos: la objetividad. Los críticos literarios ya lo contaban hace no poco tiempo, esta posmodernidad (o incluso posposmodernidad) no facilita los discursos donde habite "LA" verdad. 

Este concepto ha estallado; se ha hecho pedazos. Los twits permitirían, en principio, que hubiera mil informaciones o datos, cien mil, millones. Pero lo que ahora hay, sobre todo, son mil “verdades”. Cien mil. Millones. La verdad de cada twitero, de cada bloguero. Ahora bien, cuando hablamos de arte, entendemos que el discurso es subjetivo - incluso que debería serlo-. ¿Pero, y la información?

La información ya no cuenta, o no tanto. Apenas nadie cree ya en el reporte de la realidad con distancia, análisis, constatación de hechos. Racionalidad. Puede que los medios de comunicación lo hayan propiciado. Al fin y al cabo, si Veo7 sigue insistiendo en su verdad sobre el 11-M, si en los adjetivos de los textos que lee los presentadores de los informativos de televisión ya hay punto de vista, si en los redactores de periódicos se incluyen juicios de valor… ¿por qué el ciudadano va a ser menos?

El trabajo de Wikileaks, además, ha confirmado en negro sobre blanco lo que sospechábamos: a los políticos, de uno u otro país, tampoco les importa la verdad.

Sumemos a esto, la propia velocidad de nuestro siglo XXI, la vida cotidiana, e Internet como medio de comunicación. Hay prisa por “producir”; el número de twits es relevante y un blog que no se renueva se arriesga a que el Google Analitycs informe de tu decadencia. Por tanto, en Twitter los Trends Topics comienzan a ser reacciones a los eventos, y no reportes de dichos eventos, da igual que sea un partido de fútbol, unas declaraciones en la televisión, o una ley que planea un gobierno.

En pocos caracteres, lanzamos nuestra opinión. La gritamos, con más o menos gracia. Hacemos chistes. Nos hacemos oír justo por nuestro sentido del humor, nuestra mala leche; nuestra subjetividad.

No hay tanta diferencia con los blogs. La mayoría incluyen en sus posts tal número de faltas de ortografía que uno sospecha de la misma inmediatez (aunque seguro que nuestro sistema educativo, que no origina adultos que lean y comprendan textos, no es inocente). Escribimos lo que pensamos sobre una película, un libro, un gobierno en la plantilla correspondiente, y, sin revisarlo, lo enviamos a la Red: sin pausa para la distancia, el contraste de los hechos, sin apoyo para nuestras conclusiones.

Es cierto. Hay un matiz. En un blog sobre cualquier forma de arte, uno supone cierto grado de subjetividad, igual de detectable que la crítica de literatura o de cine. ¿Pero, y un blog que juzgue “la realidad”?

Porque, al cabo, esta velocidad está acabando con el concepto de opinión. Para que nuestra opinión tenga validez ética debe ser justamente más que una impresión. En democracia, lo sabemos, todos tenemos derecho a decir cuanto nos venga en gana. Sin embargo, aunque en su derecho de expresarse, las impresiones no son opiniones. Para una opinión se necesita un análisis más racional, una revisión de hechos, y algo que apoye el juicio.
 
Y la velocidad también se cierne sobre la propia lectura de los blogs. A diferencia de la letra escrita en papel y del ensayo “convencional”, los textos on line animan a que leamos de manera rápida, casi urgente.

Segunda posible conclusión: Internet refuerza nuestra individualidad, nos hace a todos “autores” en cuanto a subjetivos, pero no apoya, sin embargo, la comunicación real; esto es, el intercambio de puntos de vista sopesados e informados.

Para colmo, aquí que viene otra contradicción. Si de veras la objetividad saltara por los aires, sería radical, hermoso, terrible, revolucionario, pero su consecuencia lógica no encaja en el discurso del 2.0. Quien han encontrado esa especie de única verdad que es que no hay verdad única pueden darse al cinismo, al silencio, al suicidio o a la locura. Nada de esto da lugar a un blog, y no parece que lleguemos a leer a un interno psiquiátrico twittear su desesperación.

Ni siquiera tiene su sitio, aunque lo parezca, el primer elemento, el cinismo. Tendría que ser auténtico, rabioso, y el que se halla en los blogs es relativo. Y convenido, cuando se trata de aquellos blogueros que critican a alguien en concreto y no se identifican. Tanto como los que destrozan autores y libros o despedazan películas, protegidos también por alias.

En esto, miren ustedes por dónde, somos más cobardes que esos “padres” en lo comunicativo: al menos, los periodistas firman sus artículos.

Tal vez sea el comprensible miedo a represalias en lo laboral y profesional. Pero también quizá sea ese otro elemento incompatible con el cinismo descreído de verdad: la necesidad de seguidores de tus twits o tu blog.

Tercera posible reflexión: esa individualidad no “mola” ya que no nos da nuestro papel en el mundo virtual. Tenemos que pertenecer.

Aparte del detalle pecuniario de los banners en los blogs, lo que resulta tema de análisis para sociólogos, psicólogos y psiquiatras es esa doble dirección: nuestras impresiones (que no opiniones) las lanzamos al 2.0. pero no para ser individuales de veras, sino para adscribirnos a un grupo.

Tal vez sea otra enseñanza de esos malos ejemplos que han sido nuestros “padres” en esto de la comunicación: los medios convencionales. Ahora bien, aquí nadie ha matado al padre, sano ejercicio; nos bastamos con burlarnos de ellos… para acabar haciendo lo mismo.


Un periódico con público de una ideología concreta elegía y elige sus noticias para que su lector potencial se sienta reafirmado. En los blogs y y twits mucho de esto se repite, con un automatismo no precisamente crítico.
 
Cuando esa realidad “real”, que llamaremos realidad A, se define por una política donde todo se ha convertido en una pelea entre seguidores que más parecen de equipos de fútbol que de ciudadanos pensantes y con criterio propio, la realidad de Internet, la virtual, la que llamaremos B, no ha escogido la oportunidad para rebatirlo o criticarlo. Luego, por suerte o por desgracia, como antes mencionaba, y en contra de lo que seguro que algún visionario quiso ver, la realidad B es muy similar a la A. Con sus mismos vicios.

Por ejemplo, pensemos en los abonados a la teoría de la conspiración, invento y filosofía de vida tan arraigado en Estados Unidos. Desde esas milicias fascistoides en diversos estados que se oponen al gobierno federal, hasta los frikies que desconfían de cualquier discurso gubernamental (la llegada a la Luna o los Ovnis), pasando por los hackers que atacan el sistema (ya sea la administración republicana o demócrata), porque lo estiman poco honesto. 

Aquí esto nos ha llegado de mano, de nuevo por los medios españoles. Y empieza a configurarse como significativo: ¿todo lo heredamos? ¿La 2.0 no crea tendencias si no vienen, antes, pergeñadas por sus “padres” en lo comunicativo? Con la particular aportación pionera de El Mundo, ya estaba creado el (mal) ejemplo.

Veamos, pues. Si aceptas esta actitud conspirativa, siendo consecuente, desconfiarás de cualquier ley, propuesta, o hasta frase que exprese un político. Se ha visto en el tema de la ley Sinde. Según quién la leyera, se concluía algo diferente. ¿Cómo es posible? Pero claro, un texto legal siempre ha dado lugar a interpretaciones. Que se lo digan a los jueces.

De todos modos, como muchas de las importaciones que hace España de los Estados Unidos, lo asumimos de la forma equivocada. Aquí no se observa una anarquía verdadera. Aquí creemos en la teoría de la conspiración que plantea la ideología en la que ya creíamos.  Si eres de un partido, creerás en todos los cables del Wikileaks que prueben la incompetencia o el engaño del partido opuesto. Si eres un creyente en la entelequia del liberalismo y el mercado, nunca darás crédito a la conspiración que señalan los partidos de izquierda acerca del creciente conservadurismo que nos están imponiendo.

Luego, no se cuestiona el sistema. No somos, por favor, ni cercanos a lo que hace y piensa Julian Assange, tan ingenuo como consecuente. No estamos expandiendo la realidad A por medio de la B; la red 2.0. sólo es un eco de lo que ya conocíamos. 

Porque el relativismo absoluto es indigerible. Es incómodo. Si ya creíamos que los controladores eran culpables de todo, ¿para qué vamos a leer (pero detenidamente) su punto de vista?  ¿Para qué, si luego escuchamos al Gobierno, pero también a los medios (también los de izquierda) que hablan de unos sueldos y los controladores, de otro? ¿Para qué, si, siguiendo esta dinámica, acabamos dudando de todo, un poco locos, y preguntándonos cómo demonios sabremos la verdad?

Si creemos lo que ya creíamos antes de que nos den datos y argumentos, en función de nuestro ego o de nuestra adcripción a un "grupo", tendemos a los mismos problemas y necesidades de nuestra frágil psicología (parece mentira en pleno siglo XXI, pero aún Freud tendria mucho que decir de las neurosis de los blogueros). Y, como sociedad de un momento histórico concreto, parece que las reglas del sistema, económico, político, han hecho bien los deberes, y se las han arreglado para que no sea imposible, incómodo o demasiado sacrificado (el esfuerzo tampoco "mola") para ese anarquismo real de la individualidad verdadera.

La red 2.0 prueba que esa libertad de expresión que tanto queremos proteger ya es inofensiva sin que se le coloquen “puertas al campo”. Si no somos libres para creer en la versión de otro, o para la modestia, la admisión del error, y hasta la matización de nuestras posiciones, ¿para qué queremos la libertad de expresión?
 
Este gran derecho tiene como objetivo que todos los ciudadanos puedan intercambiar datos y opiniones (argumentadas) de forma que todos y cada uno adquiramos un juicio más completo. No “la” verdad, sin duda, pero sí algo más cercano a ella; o cuando menos esa verdad en formación, esa verdad como camino de la que hablaba Antonio Machado. Sólo así, a la hora de la democracia, podremos votar con conocimiento.

Aquí, unos enlaces muy interesantes para saber más sobre los blogueros que crean opinión, pero que mienten tanto o más que los medios de comunicación convencionales.

http://cambiosocialya.wordpress.com/2010/10/20/blogeros-ilustres-y-medios-de-comunicacion/#wpl-likebox
http://clondans.wordpress.com/2010/04/27/efectivamente-mentira-dans-vuelve-a-manipular-los-datos-del-cine/

http://mcarmenandres.wordpress.com/2010/12/21/las-mentiras-del-informe-del-gobierno-posted-by-enrique-dans/

http://cambiosocialya.wordpress.com/2010/01/07/dans-y-alonso-piden-libertad-de-expresion-y-censuran-en-sus-blogs/

jueves, diciembre 16, 2010

GUIONECES: ALFRED HITHCOCK PRESENTS


Se me ocurre una reflexión a partir de uno de los capítulos de la serie Alfred Hitchcok presents. Menos interesante de lo que los recordaba (la memoria idealiza), hay, sin embargo, algunas historias aceptables. En la que comento a continuación, habrá, me temo, spoilers, porque sólo así podré explicarme.

Otra posibilidad es que veáis el capítulo antes, y luego, leáis los comentarios. Está aquí (no lo he subido yo)

"Help Wanted". Primera parte

"Help wanted". Segunda parte

Se plantea un conflicto de forma rápida (al fin y al cabo, por duración son casi “cortos”) y, a la vez, con su dosis de extrañeza. A un hombre con problemas laborales y una mujer con necesidades médicas se le ofrece un trabajo. Uno muy peculiar. Anotar y anotar a partir de ciertos papeles, para unos informes que ha de introducir en un sobre, para un destinatario desconocido. Tan desconocido, como su intención o sentido. O como su propio superior. No conoce su nombre o su aspecto.

El protagonista lo acepta, porque el dinero le viene bien. Pero no puede evitarlo. No comprende ese misterioso trabajo. Igual que los espectadores (o el ser humano, en general) se pregunta aquello que procede de la razón. ¿Por qué?

Esto ya resulta significativo. En una historia tiene su lugar, sin duda, la emoción. Pero también el lado racional. “¿Qué?” o “¿por qué?” son cuestiones que pueden, también, sostener la atención durante muchos minutos. Que se lo digan a los creadores de Lost.

Pero aquí viene lo que destaco de este guión. El segundo giro llega también en su momento. El jefe se presenta. Y confiesa. Esa labor que ha estado realizando el protagonista no tenía objeto en sí; era una prueba. Una prueba de lealtad. O de servilismo. Porque ese jefe va a proponerle otro trabajo, tan bien pagado como el anterior. Un asesinato. El del amante de su esposa.

 El misterioso jefe

Bien. Ya tenemos conflicto. Lo emocional entra en juego. En una mano, o tras una puerta, dinero para la operación ansiada para su esposa, al precio de matar a un desconocido. En la otra mano, tras la otra puerta, la elección “moral”, no matar, al precio de que nunca podrá probar el plan de su jefe, que acudirá a otra marioneta para sus planes, y de que regresará al desempleo, ahora que tan cerca estaba la curación de su mujer.

O sea, estamos frente a un dilema.

Vamos al tercer giro; el final. La sorpresa. Es lo que me llamó la atención. El protagonista cumple con su encargo, aunque casi por accidente. Primera parte del giro: mata al hombre que, como estaba estipulado y preparado por el jefe, se presenta en la oficina. Pero al poco tiempo se presenta otro hombre. Y se identifica. Él es a quien se refería el jefe. Se ha equivocado de hombre. Segunda parte del giro.

Pero esperen. Siempre es posible darle una vuelta de tuerca más. El protagonista se excusa y se marcha. Dándole a entender al hombre que será mejor que vigile al marido de su amante.

Y fin.


Esto es tan efectivo, tan chocante, en parte, que nos deja clavados. La víctima ha conseguido su dinero, pese a equivocarse. La víctima se hace fuerte, y “gana”, y, además, por azar.

O sea, la enseñanza, en cuanto a guión, podría ser: si lo emocional, si el efecto en el espectador es suficientemente fuerte, quizá se superen y se olviden posibles flecos del argumento. Lo emocional puede que venza sobre lo racional.

Porque, días después, recordando la historia, me vino a la cabeza que algo no tenía sentido. El jefe sabe dónde vive y quién es el protagonista; por lo tanto, al día siguiente, o incluso horas después de que descubra que no ha cumplido (y peor, que ha advertido al amante de su mujer) puede ir a por él.

El guionista no ha atado todos los cabos. Ha roto, en parte, su propio juego, las reglas que se había impuesto a través de esa situación tan delimitada. Bien, que quiera convertir al verdugo en víctima y viceversa, pero mal, porque la situación sólo ha cambiado de manera parcial.

Los trucos de guionista respecto a los giros sorprendentes no deberían notarse ni siquiera después del visionado. Como espectadores, nos gusta que nos engañen, pero con trucos que no percibamos. Que nos lleven a donde el autor quiera, pero sin sacarse conejos de la chistera.

miércoles, diciembre 15, 2010

DE PROFUNDIS: OTRO TIPO DE ANIMACIÓN

Encuentro esta película de animación, obviamente diferente, y de la que no sabía nada. Mala señal, claro; ¿llegaría a estrenarse en salas? ¿Se editaría en DVD? Y, sin embargo, es un camino interesante para este formato. De un autor de cómics con bastante reconocimiento.


domingo, diciembre 12, 2010

PUBLICIDAD. UN SPOT INTERESANTE

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No sé ustedes, pero yo nunca vi este anuncio en televisión. Posiblemente era uno de esos spots que se realizan, en verdad, para mandarlo a festivales y optar a premios. Su autor es Luís Cerveró, un señor que tiene bastante prestigio como artista audiovisual, y sus colaboradores habituales en la productora Canada.

A mí me ha gustado mucho.

FRAGMENTOS INTERESANTES: LA LÍNEA DE SOMBRA. JOSEPH CONRAD

"Las impenetrables tinieblas bloqueaban el navío tan de cerca, que parecía que con sólo tender la mano por encima de la borda se tocaría una sustancia sobrenatural. Había en ellas uno no sé qué de terror inconcebible y de indecible misterio. Las pocas estrellas que brillaban sobre nuestras cabezas sólo arrojaban sobre el navío una luz oscura, sin dejar sobre el agua ningún reflejo, como rayos aislados atravesando una atmósfera convertida en hollín. Era algo que yo no había visto nunca hasta entonces, y que no permitía la menor conjetura respecto a la dirección en que podría producirse un cambio; algo, realmente, como una amenaza cerrándose en torno nuestro.

El timón continuaba solo; una inmovilidad absoluta reinaba en todas partes. Si el aire se había ennegrecido, el mar parecía haberse vuelto sólido. Era inútil mirar a los lados, esperar una señal, tratar de prever la proximidad del momento. Cuando éste llegara, las tinieblas absorberían silenciosamente la débil claridad que caía de las estrellas sobre el navío, y sobrevendría el fin de todo, sin un suspiro, sin un movimiento, sin un murmullo, y todos nuestros corazones se detendrían como relojes a los que se les terminara la cuerda."

La línea de sombra (1916). Joseph Conrad. Editorial Cátedra. 1998.

Hay y habrá siempre todo un imaginario poderoso sobre el tránsito de la vida a la muerte. Menos común, creo, es otorgarle fuerza y relevancia a otro rito de paso: el que nos empuja desde la juventud hasta la madurez. Y hacerlo, como es este caso, con imágenes y acciones tan naturales que lo realista a lo mejor hasta nos despista un poco. 

Hacia el final es donde adquiere todo su sentido. Probablemente La Línea de Sombra sea una obra menor, aunque merezca la pena por ese viaje cuyo oponente máximo no es la usual peripecia sobre los mares, sino justamente la demora. La quietud de un barco al que una aparente maldición impide recibir los vientos necesarios para avanzar en esa línea de sombra.

Sólo apena que no sepamos de cómo el narrador y personaje afronta, después, esa mirada nueva tras el aprendizaje. Habrá que leer más obras de Conrad, para averiguarlo.

miércoles, diciembre 08, 2010

COMO UNA HISTORIA DE TERROR. JON BILBAO

"A esta ardilla la siguió otra, que efectuó el mismo recorrido. Y luego otra, y otra, y otras más. Al cabo de unos instantes había más de una docena disputándose el alimento del comedero, y nuevos roedores continuaban emergiendo de entre los árboles y tomando el jardín. Escalaron las sillas y la mesa y se aventuraron en la caseta de Bambú, donde descubrieron unos granos de pienso canino en su cuenco y se abalanzaron por ellos. Docenas de ardillas y luego cientos. [...] Las ardillas se quedaron inmóviles y miraron hacia un punto del bosque, de donde ahora provenía un susurro como de algo que se arrastrara sobre hojas muertas. La maleza que taponaba el paso entre los árboles había comenzado a agitarse. Asomó entonces al borde del jardín un cuerpo renqueante que avanzaba a cuatro patas, del tamaño de un gato grande, y del que sólo podían apreciarse con claridad un fuero par de ojos rojos y una cola larga y desmochada. Y entonces la mujer sí que se despertó."

Como una historia de terror. Jon Bilbao. Como una historia de terror. Salto de Página. 2008

No hacen falta casas góticas, ni asesinos en serie para el terror. Jon Bilbao hace un ejercicio interesante: alía las casualidades y las neurosis personales. Una posible fórmula. De cómo las personas reflexivas (u obsesivas, que aquí creo que Bilbao no juzga) ven señales en todas partes; y crean paranoicas ficciones donde ellos mismos se buscan la perdición. En este relato (casi una novela corta) se reúne todo esto, y, mediante una maniobra nada burda, hasta se reflexiona sobre ello "en voz alta". 


Es todo un tema (o un subtema; no es lo único que aborda Bilbao, sobre todo, leyendo reseñas por Internet, aunque es lo que a mí me ha interesado más), esos seres que "les dan vueltas a las cosas", que buscan un significado (pero siempre amenazador) en que un hombre se parezca a él y hayan confundido sus pisos (La Fortaleza), o en unos sueños recurrentes y un bosque impenetrable (Como una historia de terror) los ampliará el autor en Bajo el influjo del cometa. Resulta efectivo (ah, el conflicto) colocarlos al lado de personajes que ni temen ni "piensan" tanto (el hombre de Como una historia de terror, a diferencia de su compañera, sólo tuvo una vez un sueño, negro y que no le obsesiona en absoluto). 

Como decía, no es lo único que atrae al autor, pero, por lo que leo en su siguiente libro, Bajo el influjo del cometa, es algo en lo que seguirá profundizando: Ha desaparecido un niño me ha recordado (no en el tono, no en el pesimismo, sin embargo) al Martin Amis de Night Train. La otra cara de la moneda de esas neurosis que buscan signos de toda clase en lo banal es justamente la nada: la falta de sentido.  Precisamente esa banalidad que, por otra parte, puebla estos relatos. 

Tal vez así pretenda Bilbao inundarnos de esa cotidianeidad contra la que esos personajes "especiales" tienen que levantar "ficciones de terror". Sin embargo, a ratos es demasiado. Ahoga esos detalles, acertados, brillantes a veces, que nos muestran historias o atisbos de historias paralelas.

"Cuando empezaron a mecerse, los acompañaron los chapoteos del vino acumulado en sus estómagos. Él pensó en la chica, tal como la había visto en la galería de la Mina. No le importó en quién pensaba su mujer, en MH o en quien fuera" 
(pág. 59). La Fortaleza

Así, se nos deja ver que la mujer tal vez tenga o haya tenido una relación con ese MH, un secundario, que, por cierto, ni siquiera hace falta que veamos.


Pero, como decía, en su contra, a veces el relato se desborda y se llena de situaciones y diálogos innecesarios. ¿Otros matices que le haría y por lo que discrepo de las alabanzas generales a este libro (con el máximo de los respetos, como siempre)?

- Una manía: el uso de los demostrativos como pronombres, en frases donde no son necesarios. "Sin que tampoco nadie supiera de dónde éstos surgían" o "..."mediante una interminable serie de aproximaciones sucesivas, llegaron al comedero de pájaros. Consistía éste en una bandeja de madera...". No se explican por un supuesto lenguaje de un personaje o narrador, porque se repiten  en distintos relatos (también en su siguiente libro), y así, rompen la verosimilitud. Si todos los narradores, sea o no personajes, usan esto mismo, se rompe el pacto con el lector: "notamos" al autor. ¿Es lo que busca Bilbao?

Esto se ha acrecentado en Bajo el influjo del cometa. Ignoro si quizá la labor de edición ha tenido problemas, porque, de hecho, encuentro algunos fallos (palabras que faltan; por ejemplo, "... un hueso sintético destinado [a] fortalecer... (página 83)  o "Ella le recordó la escena en que el muñeco de madera y Gepetto son engullidos por un cetáceo llamado Monstro, (página 61) ¡Tal vez el ejemplar que tengo es uno de los primeros, y está algo defectuoso!

- Una obsesión por la descripción, que no se inserta siempre bien en la narración. A ratos, parece que el relato fuera a ser leído por alguien de producción de una película, que requiriera todos los detalles para su desglose. Basta ver el comienzo precisamente de este relato, Como una historia de terror.

- Una renuncia a la elipsis. En los diálogos, pero también en las acciones, no siempre fundamentales para que avance la acción. Si es intencionado, de acuerdo. Pero entonces, me temo que no encuentro ese "pulso narrativo" del que habla la contraportada. Más bien, al contrario, y según lo que estipula esta crítica, el camino de Bilbao va hacia un relato menos clásico, y más "abierto".

"Contados cuentistas españoles se permiten el lujo de dejarse ir. Porque derivar, sucumbir a la imprevisibilidad de la escritura, a ese “no sé muy bien qué quiero decir”, es una forma de abordaje del cuento que se estigmatiza con gratuita facilidad. El cuentista clásico, como el fan salvajemente fiel que no acepta travesuras en su obra –o género- de referencia, reclama un sentido, un saber valorizado, y pilla una rabieta en cuanto te descuidas."

Bien: la reseña tiene razón. No podemos leer siempre con alma de guionista, prestos a tachar aquello que no sea fundamental. Sin embargo, se habrá de admitir que la digresión casa mal con el relato, o (ya fuera de ser "obtusos" con "las normas") que la acumulación produce efectos en el lector. Justo las mismas, ahora que pienso, que señalan muchos cuentistas cuando atacan la novela. 

Si tenemos que buscar entre tanto dato, el lector puede pasar y pasar páginas, costumbre habitual en tantas novelas donde uno detecta pronto lo accesorio. Pero, en los relatos de Bilbao, no sabes del todo cuándo habrá algo de eso (todo puede ser un símbolo o una pista de lo que está por venir,) y leyendo rápido, tal vez nos perdamos lo relevante. Un modo y un estilo respetable, sin duda. Mientras se acepten sus desventajas. Puede que no se trate de gritar "anatema" y golpear a diestro y siniestro con un libro de Carver en pos de la síntesis; aunque quizá un punto medio sea apetecible.

Sobre todo, porque si no, todos los relatos parecen contados por el mismo narrador, sea externo o personaje. No todo el mundo, no todos los narradores, pueden ser una cámara presta al plano detalle. O no, si se quiere mantener la verosimilitud.

- A veces se bordea lo reiterativo. Se insiste en el precio barato de la casa de Como una historia de terror hasta dos veces en dos páginas seguidas (páginas 180 y 181). Se expresa en palabras, a modo de resumen, (página 82) lo que ya hemos visto sobre la presencia molesta del brasileño de Después de nosotros, el diluvio. Se dice que al dueño del coche del relato La Fortaleza le importa poco que le hayan robado éste en la página 57 y se repite en la 58. Otras veces, el peligro es lo obvio, como cuando se ha de exponer por qué se separan las dos parejas al final de Después de nosotros, el diluvio. 

- Los diálogos parecen decantarse por el naturalismo (casi estamos en un guión, por momentos, en ciertos relatos), pero en ocasiones se hacen largos. En el caso de Bajo el influjo del cometa, a esto se ha sumado la inverosimilitud cuando incluye giros o palabras: "Aprecio tu gran sinceridad" (página 162) "No me recuerdes lo obvio" (página 74)

- Los narradores/personajes a veces, como dice la reseña de Masacre en los jardines que aludíamos antes, "se merecen un puñetazo en la boca". A mí me ha pasado con el de Después de nosotros, el diluvio, incluso aceptando que, por su cultura, se sabe que es un tipo "formado".  

Sigo creyendo que es complicado el equilibro del lenguaje cuando se escoge la primera persona. Si se es demasiado fiel al naturalismo, se cae en lo vulgar; si se fuerza el lirismo o las reflexiones ("¿Era una somatización de nuestro disgusto o la ballena había empezado a oler peor?", página 67, Bajo el Influjo del Cometa), puede hacernos perder la paciencia.

Son mis impresiones. En todo caso, creo que el autor es capaz de generar imágenes potentes, e historias que perduran. Para los que nos interesa el fantástico o el terror, además aporta modos distintos de provocar extrañeza o atmósferas misteriosas sin necesidad de alejarnos del día a día. Para posibles escritores, de relatos, de guiones, de cualquier ficción, destaco de nuevo la creación de personajes no precisamente reconocibles (que de esos está la literatura española bien servida) sino oscuros, crueles, normales, anormales,... Humanos, vaya.

Por otra parte, los que tienen la última palabra son ustedes. Lean y opinen. A ser posible, educadamente, que ya saben que no me gusta, ni busco, la polémica. 

lunes, diciembre 06, 2010

HEAVEN´S GATE, MICHAEL CIMINO: LO GRANDE O LO PEQUEÑO

Cada día, los fallos de mi TDT me regalan algo nuevo. Primero, me censuraron Antena 3. Luego, la calidad con la que se ve Tele 5 me instaron a incluirla en la lista de no visitables (aunque ya me lo había yo prescrito mi prescripción facultativa). El otro día, topo con la Sexta3. Y oigan, volveré. Hay siempre sorpresas. Como la opción de ver Heaven´s Gate; (Las Puertas del Cielo) aquella película de Michael Cimino que arruinó a la United Artists, a su director y que fue un escándalo (al parecer el rodaje fue un desmadre cocainímico) y un desastre en su percepción por parte de los críticos.


Obviamente, los críticos de Estados Unidos, entonces, pero también en mucha parte, ahora, difieren muy mucho de los españoles. Allí, apenas ha arribado la estela de la Nouvelle Vague y el Cahiers du Cinema. Les importa, creo, y bastante, la narrativa.  Me paso por Rotten Tomatoes y confirmo que todavía hoy en general se estima esta película como errónea.

A mí me llamaron la atención diversos elementos. El comienzo tiene aquello que se espera del cine de verdad, y, al tiempo, una contradicción. Sin apenas diálogos, conocemos a dos de sus protagonistas (sobre todo, al principal) en la fiesta de graduación en la universidad de Harvard. El baile que parecen improvisar al ritmo de un vals de Strauss es de una belleza increíble. Increíble, también, porque tiene un algo de digresión. No define a los personajes. No adelanta el género (aunque tal vez considerarlo un western tiene sus dificultades), y quizá ni el tono. No creo, en todo caso, que sea el mayor problema de la película. Puede que lo fuera en cuestiones de presupuesto (se dice que el prólogo y el epílogo se comieron una buena parte del presupuesto), pero nada más. No coincido con esto, de Film Threat  y Phill Hall (por cierto uno de los pocos que defiende la película)

"The sequence (running nearly 25 minutes) is meant to establish the central character of James Averill (Kris Kristofferson) as the product of wealth and privilege. [...] Had Cimino dropped this entirely, the film could’ve been a true classic."

Anticipa sólo ese sensación de juventud de "vamos a cambiarlo todo", sobre lo que da pistas la voice over de James Averill, personaje interpretado por Kris Kristofferson.  Hay aquí también un interés antropológico y social: Heaven´s Gate a ratos será una especie de fresco donde tienen su lugar las masas. Obreras, por cierto; e inmigrantes. Era ese tipo de western que sólo usaba el género como marco donde incluir nuevos temas y preocupaciones.

Veremos reuniones de rusos y otros europeos del Este, peleas de gallos, prostíbulos, filas de inmigrantes por los paisajes de Montana (haciendo que son de Wyoming)... 

Claro que esa preocupación por "lo grande" quizá descuida otros aspectos. 

En todo caso, la película avanza, y yo sigo fascinado. En un tren, llegará Averill a un pueblo que levantaron casi enteramente en producción. Los planos lo aprovechan: vemos incluso el humo que sale de supuestas industrias allá a lo lejos. 

 
Cimino y el guión van acercando el personaje a ese dilema de fondo. No crean, sin embargo, que estamos ante un héroe. Averill mira más que actúa, pese a que ya oye y sabe (en un interior también lleno de personas; la masa parece atraerle) que se prepara una cacería. 

Una cacería contra esos inmigrantes que los terratenientes del ganado suponen (o quieren suponer) que están robando y creando "la anarquía" (concepto que se repetirá varias veces; tal vez haya aquí hasta un componente político). 

Ya tenemos el conflicto planteado. Es fuerte; es importante; es peligroso. Averill es un sheriff de un condado al que esos terratenientes enviarán un pequeño ejército de mercenarios. Cuando acude al club y les enfrenta que ni se les ocurra acudir sin órdenes de detención, pensamos que será el héroe. Pero insistimos. No lo es. Luego, no será consecuente; no tendrá prisa por prepararse. Es como si ya se hubiera rendido, antes de tiempo. Como si ya no fuera ese Averill joven e idealista. Pero es que Cimino y su guión (al menos en la versión que pude ver; creo que hay varios montajes) nos ha dado una elipsis de 20 años. Desde aquel baile de la universidad, al tren y a su papel de sheriff

Es una manera curiosa, indirecta, de ser fiel a una caracterización: Averill ahora es mayor, más cínico. No le falta el sentido de la justicia. Lo que le falta es la fe en el sistema. Perfecto, si hablamos del personaje. Problemático, para una trama. Una solución podría ser una subtrama, aunque ello expone también dificultades. 

La Subtrama del triángulo amoroso entre Averill, Ella (Isabelle Huppert) y Champion (Christopher Walken) crecerá tanto que casi se vuelve el centro del film. 


Nota: A PARTIR DE AQUÍ, SPOILERS

Esto, en lo negativo, en cuanto que desequilibra un poco el conjunto. Ahora bien, al tiempo, aporta ese contrapeso que se iba echando en falta. Ante lo grande, el fresco, el conjunto, ... el detalle. El detalle de una relación amorosa que está tratada de una forma muy interesante.

Hemos visto que Champion acude al burdel, y que tiene una relación especial con Ella. Y luego, vemos que Averill llega en el tren con un coche de caballos que, comenta, es para Ella. El espectador ya asimila ese conflicto de la Subtrama. ¿Quien demonios está con Ella? ¿Champion o Averill? ¿Los dos? Esto promete.

Más porque Champion es un vigilante de ganado que ya se toma la justicia por su cuenta (es decir, está con los terratenientes ganaderos). De hecho, su presentación no puede ser más clara, y ahí no creo que acierte Roger Ebert , que considera esta presentación del personaje un error.

"is in several of the initial scenes before he finally gets a close-up and we see who he is." 

Yo creo que es un acierto. No hay forma más sintética (y visual y poderosa) de presentación quién es Champion que asesinando a uno de esos rusos que ha robado una vaca. Por cierto, una de las imágenes más potentes. No le vemos la cara: Champion dispara y asesina a través de una sábana tendida de la casa del inmigrante. 


Más aciertos: para seguir definiendo a Champion (y sus contradicciones), le veremos insultar a la caravana de inmigrantes... para luego mostrarlo siendo educado e implicado sentimentalmente con Ella. Una inmigrante.

Ella es un personaje imposible para lo que sería el cine clásico, y no digamos ya el western clásico. Madame, prostituta, y con una absoluta naturalidad en la forma en la que se relaciona con sus dos amantes. Naturalidad que reafirma cómo se mueve la actriz con ellos, a veces desnuda. Me gustó mucho ese momento en que, medio desnuda, cubierta con una sábana, sale fuera a ver qué le ha traído de regalo Averill. Huppert está magnífica. Inocente, sencilla, pero consciente de que el triángulo será problemático. Un gran personaje.


Mientras esta relación tiene el ritmo adecuado, es el Trama Principal donde tal vez estén esos fallos. Quizá el espectador de entonces (y también, en parte, el de ahora) aguarda que, cuando se muestra a los villanos de la función, el héroe (aunque sea un anithéroe) actúe de un modo u otro. Pero Cimino sigue preocupado por ese fondo: otra vez un baile, reuniones de inmigrantes, ... Y ahí todo se va atascando. 

Si a esto le sumamos que esos villanos se apropian de la bandera americana, que el presidente apoya a los mercenarios y su cruzada, que fue un evento histórico real, y que no hay final feliz, supongo que ya tenemos más señales de por qué los críticos americanos vapulearon Las Puertas del Cielo.

Aquí, otra crítica interesante.

domingo, diciembre 05, 2010

1812: El Mar de la Libertad (Segunda temporada)

Diario de Sevilla - Otras 13 singladuras históricas

Bueno, me han suprimido el apellido, pero algo es algo. A ver si la serie se ve. Tiene ya dos años. Y fue un curro de documentación de narices. Y mucho tira y afloja (y algún destemple) con su director. Aun así, esto es usual en el mundo audiovisual, y las propias tensiones no son necesariamente negativas. Te obliga a ver tus ideas y propuestas desde otra perspectiva. Aparte, en esta industria (¡ja!) hay siempre mucho patrón, y marineros que apenas discuten, así que tampoco me arrepiento de haber planteado mis dudas. Al final, uno transige, pero, demonios, que, al menos, se oiga tu voz. Supongo que todo ello vino de que en esta segunda temporada trabajé los temas desde 0, no como con la anterior, donde me vino algo más dirigido desde el principio.


Sobre todo, 1812: el Mar de la Libertad fue una experiencia. Topar así, un tanto a bocajarro con la Historia, ya era un desafío. Luego, uno se calma, lee, analiza, se documenta, y entiende que es sólo un fondo, y que, al cabo, esto también se trata de historias. Con minúsculas. Historias de una serie de personajes estrambóticos, desclasados, raros y, en muchos casos, "iluminados". Lo más complejo fue la reflexión y búsqueda de los por qués. No ya porque las motivaciones de un personaje (ficticio o real) se antojan indispensables si uno quiere comprenderlo. Es decir, no me lo pedía solamente el aspecto "técnico" del oficio de guionista. Era algo más. La curiosidad. Por cierto, que este impulso, tal vez más racional que emocional, tampoco es descartable en una ficción. 

¿Por qué un navegante se hace con la "misión" de liberar esclavos de los piratas, en los mares asiáticos? ¿Cómo es que una señora tan retrógrada sin embargo defiende su papel de intelectual en el Cádiz de esos primeros años del XIX, y, además, lee con placer a una pionera del feminismo? ¿Qué mueve a un pendenciero jugador y espadachín a montar el primer juego de pelota vasca en América Latina, y luego, marcharse a crear un país entre Brasil y Bolivia?

También es interesante descubrir que no toda la herencia española es la de aquella leyenda negra (por otro lado, tan interesada y exagerada por Inglaterra, e impulsada por la ventaja de la imprenta de Gutenberg) que contaba cuán ignorantes, sumisos con monarcas y clérigos, y oscurantistas éramos en España. 


Esto es lo que concierne a mi vivencia. En cuanto a sus posibles valores para la audiencia: historias curiosas, localizaciones y apartados del mapa que no suelen conocerse y ceremonias y formas de vida lejanas. Y no, servidor no viajó a ninguno de aquellos sitios. Servidor se vio, eso sí, unas 50 horas de grabación, para ver qué textos podrían ir con qué imágenes, y qué imágenes, con qué textos. Una especie de rito de paso por el montaje y su relevancia, sin tener que pisar una sala.

Si pueden, y les apetece, traten de disfrutarla. Comprobarán que la Historia está llena de posibles guiones o novelas. Sobre todo, si son los secundarios que pasaban por los alrededores de los grandes acontecimientos.

domingo, noviembre 28, 2010

PALABRAS DESCUBIERTAS O REDESCUBIERTAS: "BRUJESCO"


brujesco, ca.

1. adj. Perteneciente o relativo a la brujería.

2. adj. Propio de la brujería.

"La sala presentaba el aspecto brujesco y destartalado de los desvanes de leyenda: todo tipo de objetos se amontonaban en un aparente desconcierto de percheros y desbordados baúles, arcones y juguetes rotos en la penumbra, trozos de cosas enganchados a las sombras. El Francés iba iluminando alternativamente los distintos rincones manteniendo el resto en una oscuridad secreta de sucios reflejos y bultos grises, para asegurarse de que mis ojos no se perdían por los recovecos de aquella estancia encantanda..."

"El aroma de lo oscuro". Carlos Castán. "Museo de la Soledad". Tropo Editores, 2007


GUIONECES: EL TONO EN LOS GUIONES

No lo van a encontrar fácilmente en la bibliografía recomendada. No será tema ni subtema en los temarios de los talleres, sean de guión o literarios. Da que pensar. ¿Qué tiene el tono que tan difícil es hablar de él?

¿Cómo se detecta? Ahí empezamos con la dificultad. No es tan cuantificable como el número de veces que has de incluir un dato fundamental de la trama, no puede organizarse de forma tan visual como las subtramas gracias a las tarjetas, y ni siquiera podemos subrayarlo sobre el texto, indicando, ey, aquí, aquí está el Punto de Giro.

Y, sin embargo, el tono puede que sea la causa de los mayores rebotes en los lectores de guión, y, por lógica, del consiguiente informe, y  -que aquí va todo en cadena- del futuro cabreo supino del guionista al leer las posibles correcciones. Algo de eso me dio por pensar cuando leí este post de Chico Santamano, donde, con bastante gracia, clama al cielo porque alguien le hizo sugerencias a su historia.

A mí, como lector,  no soy consciente de el tono de los guiones a priori, sino más bien a posteriori; a veces, hasta demasiado tarde. Porque el tono condiciona tu propia visión de la historia, y pondrá y recolocará las prioridades en tus posibles críticas.

En una novela o un relato se me ocurre, déjenme ser matemático o racionalista por unos segundos, un truco de cuantificación: el campo semántico. Si uno se mueve por el texto agrupando palabras con simular significado, es muy probable que confirme esa impresión que ya le daba (en una primera lectura), aunque no supiera localizar el origen de dicho efecto. Otro consejo: si de cada tres adjetivos, dos son epítetos, queridos amigos, ese relato es lírico (hasta incluso demasiado, diría yo).

Pero no. No es tan sencillo. Porque el tono también tiene que ver con el punto de vista, sin ser, a su vez, sólo éste su apoyo. Y con los guiones, apaga y vámonos. ¿Qué guionista tiene hoy en día en cuenta esto del punto de vista; quién narra, desde qué tiempo, y para qué, incluso?

Creo que es interesante preguntarse si las normas (o, mejor, digamos los recursos) de la escritura de guiones deben o no cambiar su orden de prioridades, como apuntaba Santamano. ¿Vamos a pedirle un buen desarrollo de personajes a un guión a lo Judd Apatow? ¿A una historia de vampiros, que, por ejemplo, maten zombies?
Con un título como "Superfumados", ¿qué se puede esperar?

Un ejemplo. A mí la voz off (bueno, en realidad la voice over, que la off es sólo cuando se oye algo fuera de cuadro pero "dentro" de la escena) me saca de quicio. Es un prejuicio. Lo es. Lo admito. Sobre todo, me molesta que me traduzcan lo que yo mismo puedo ver. Y normalmente no suele usarse con inteligencia. 

Ahora bien. Supongamos que cae en mis manos un guión con tono melancólico. Es esencial que yo lo detecte enseguida, o la voice over me fastidiará la lectura y el informe. Porque si el tono es de alguien que recuerda, etc, tal vez la voice over es necesaria. Lo mismo sucede si el tono se codea con el cine negro clásico, con esa voz del detective a lo Chandler.

Otro ejemplo. Pushing Daisies. No he encontrado muchas referencias en Internet al respecto, pero, a mí, su primera temporada (que es la que tengo en casa) me divirtió. Es, en tono, lo más cercano que he visto a Tim Burton. Tono de cuento de hadas. Tono que casi exige una voice over.  Y en cuanto a otros aspectos, ¿la historia de amor podía descodificarse de la misma forma que una historia de amor actual, contemporánea, realista?


En otras palabras, y aquí viene la cuestión relevante, ¿debería perdonarle que esa voice over sea redundante o, pese a su justificación, excesiva? ¿Deberíamos aplicar las mismas reglas a todos los tonos?

Otro caso. La comedia. Ah, la comedia. Mira que se escriben comedias, y más en España, pero ¿de muchos tipos? ¿De muchos tonos? Si el tono de Aída es como es, es decir, bufo, exagerado, sin mayor pretensión, ¿se le puede exigir lo mismo que a otras ficciones?

Ahora que releo un guión de una colega de blogosfera, y, a la vez, he visto La Vaquilla, de Luís García Berlanga, me pregunto ¿si un film tiene ese tono algo esperpéntico, cómo lo juzgamos con los parámetros habituales? 

Y más aún, y esto me tiene algo obsesionado: ¿el tono debería ser coherente o podría coquetear con otros tonos, dentro del género? 

Imaginemos una película que toma la herencia de Berlanga. Coralidad, caña para todos, registro de una realidad con toques exagerados... Pero que, de pronto, le da un respiro a esa mirada desde fuera, donde el espectador se sitúa un tanto por encima de lo que mira, y de los personajes, y nos ofrece una iluminación sobre un personaje. Y adquiere tono dramático. ¿No es esto efectivo; no produce que se la risa se nos atragante un poco? 

Algo similar me ha sucedido con algunos relatos de Carlos Castán en Museo de la Soledad (Tropo editores, 2007). Entramos en un tono melancólico, y, casi de pronto, entra la distancia, mediante el giro final, de una crueldad tan inesperada, tan insospechada, que parece un puntapié a tanto lirismo. Y así, Viaje de Regreso y Muchas veces, Laura te dejan un sabor de boca amargo. 

No lo sé. Son cosas que me pregunto. El tono es fundamental, aunque no sé si justifica cualquier aspaviento. ¿Ustedes qué opinan?


El final de La Vaquilla. Quizás apoye mi argumento. Lo que sé es que de pronto se te hace todo un poco para triste, que diría Bryce Echenique.

miércoles, noviembre 24, 2010

LA CRÍTICA: ¿NO SOMOS TODOS IGUAL DE SUBJETIVOS?

Los que vemos cine y tratamos de estar al día de qué se mueve en la literatura no somos, automáticamente, por suerte o por desgracia (ahí, se agradece su ayuda, querido lector; táchese lo que proceda) críticos o especialistas en un arte o el otro. Pero el contacto con la crítica de ambas sirve bien para los que leemos guiones. Porque al fin y al cabo, uno resuelve que no hay análisis objetivo. O no, a menos que uno sea consciente de sus filias y fobias.

Hace unas semanas, leí la reseña de Sergi Bellver sobre una (otra) recopilación de relatistas jóvenes españoles. Y me encontré con que, de paso, aludía y se quejaba (en este artículo, con menos intensidad que en otros foros) de cómo la crítica oficial (la reseña del ABC Cultural) tal vez iba desencaminada cuando demarcaba cuáles debieran ser las influencias de los autores, en lugar de asumir (y analizar) cuáles son las que son, sin juzgarlas. 

"...en lo que quizá no acierta Pozuelo Yvancos es, volviendo al tema de los linajes literarios, en demandar una suerte de carta de hispanidad a cuentistas que, guste o no, se han formado leyendo más a Kafka o a Chéjov (como, dicho sea de paso, hicieron buena parte de los autores de la llamada Generación del Medio Siglo, que también leían a Katherine Mansfield o a Poe, y no sólo a Baroja) o a los inevitables norteamericanos (ese santoral del cuento contemporáneo que va de Carver a Cheever, demasiadas veces mal imitado pero pocas bien resuelto, como sí es el caso de Jon Bilbao, sin ir más lejos). [...] la idea de «tradición propia» o «cultura local» traza líneas paralelas de difícil permeabilidad que no se corresponden con la realidad plural y multidisciplinar que desde hace precisamente una década, más o menos, viven los lectores y autores españoles de relato breve."


Esto de la crítica es, pues, bastante complejo, y, en lo que nos toca, nos lleva a los críticos de cine, y las tendencias que pululan, ya sea en los medios tradicionales, como en el mundo de la blogosfera. Y esto llega a futuras generaciones mediante profesores de universidad o talleres literarios o de guión. Esto lo he comprobado y lo he sufrido. Hay autores del canon, pero del canon del profesor concreto, lo que es muy injusto y poco útil. Cuando sales ahí fuera, y quieres publicar, o que tu guión sea producido, tal vez choques con que Carver no es, de veras, el único camino que se ha de seguir, o que el cine social ha muerto, o no interesa el mensaje si no se transforma en una historia que no tenga cargas extras de contenido.

La revista Cahiers du Cinéma de España tiene su línea editorial, que, lógico, sigue el sendero de la que fue la revista de cabecera de la modernidad cinematográfica. Siempre es más fácil la definición de lo que se hacía, que de lo que se hace, y ahora mirar el cine con ojos modernos, y no posmodernos, no sé si es erróneo. Lo que sí me resulta, a veces, es una especie de actitud bizantina, y un tanto intransigente. No es que no respete a algunos de sus críticos (tuve el honor de conocer la sencillez y los conocimientos de Carlos F. Heredero), sino que creo que, por estas rendijas de la autoría y la modernidad, a veces se cuelan directores que se hacen autores reconocidos haciendo un poco lo que les da la gana, sin mucha moralidad.

La política de autor ha tenido efectos positivos y negativos. Nadie duda que gracias a aquellos franceses de los 60 ahora vemos a Fritz Lang o a Jacques Tourneur como autores. Sin embargo, ahora me parece un tanto ingenuo la consideración de un film o un libro (o un relato, incluso) sólo a partir de su conexión con los temas o el estilo del autor. Podríamos, digo yo, aprender un poco de la posmodernidad, que nos ha enseñado que podemos analizar obras, y no conjuntos de obras. Que, de hecho, las intenciones del autor pueden hasta entorpecernos un disfrute propio e íntimo. Además, ya deberíamos disfrutar de cierta distancia para con las teorías psicoanalistas (y no me entiendan mal, soy un gran admirador de Freud) como para que elaboremos una especie de retrato del artista paralelo a su vida personal. En cuanto a lo que el cine se refiere, entiendo que esta postura tiene mucho de desconocimiento de la industria. Escribir un guión es un proceso autónomo y hasta libre, pero el libreto que se haga realidad, no; y la dirección y producción de un film es un proceso que pasa por tantas manos, que es complicado el control de una visión propia y personal. Ni siquiera los grandes logran siempre acertar, y no es -no sólo- una cuestión de voluntad, o de decisiones creativas o artísticas.

Aparte, esto, me temo, crea esos clubs de hinchas que ni disimulan esta opción cuando hablamos de los blogs. Si eres del club “Woody Allen”, todas sus películas te parecerán maravillosas, y no permitirás que nadie te diga que Match Point (2005) es sólo una revisión de Delitos y Faltas (Crimes and Misdemeanors, 1985) o que hace mucho que no realiza una comedia redonda, o, al menos, fresca. Si eres del club “Clint Eastwood”, es improbable que si quieras consideres si este director hace films clásicos (en lo bueno y en lo malo) en un tiempo donde esta narrativa nos son ingenuas o pobres o artificiales; o que la calidad de sus películas depende muy mucho de sus guiones (de su capacidad para elegir buenos guiones). 

Y así sucesivamente.


"Delitos y Faltas". Una obra maestra.

Luego, a veces me cuestiono para qué preocuparme de si tengo prejuicios, cuando resulta que, desde el nivel más a pie de calle (los blogs), hasta los grandes medios y popes de la crítica, el prejuicio está tan extendido.

Pero tranquilos, que esto sólo me sucede a veces.

Dirigido por es una revista muy interesante, por varios motivos. Uno, porque no hay línea editorial (lo que no ocurre, según Antonio José Navarro en Cahiers du Cinéma). Otra, porque se comprueba que la subjetividad funciona tan bien, y tanto, como en aquella otra revista. Aquí no parece que se vean tan coartados con mirar el cine desde los presupuestos de la modernidad. Pero, en cambio, Ángel Sala se explaya en su sección con una evidente defensa excesiva de todo lo que pertenezca al género que tanto ama. Por su parte, Antonio José Navarro ofrece su particular visión sobre cómo la narrativa seca, dura, violenta tiene unos valores de por sí.

A mi me da por pensar que el simple hecho de que una obra trate lo que cuenta con un estilo es tan absurdo como juzgar que es “buena” porque trate temas científicos, históricos o pertenezca a un género o a otro. Por eso decía yo que creía injustificadas las alabanzas al libro de Muñoz Rengel sólo porque genere historias fantásticas, o, ya el colmo, porque se sitúan en geografías “exóticas”.

"Con sus relatos viajaremos desde el Toledo musulmán del siglo XI a la ciudad de Praga del siglo XV, pasando por el Londres victoriano hasta llegar a un futuro no muy lejano. En todos estos escenarios Rengel consigue, con unas breves pinceladas, un retrato milimétrico de la ambientación histórica y geográfica, ofreciendo una lección de síntesis. Cómo el mismo estilo narrativo trasmite el sabor de cada época.


Ya lo ven. Nos fascinamos con facilidad, si leemos los que, a priori, ya nos fascinaba. Pero si hay algo que el libro de Muñoz Rengel no logra (además de ser original e inquietante, sino a ratos demasiado coqueto con tradiciones y posibles juegos metaliterarios) es ambientación. Fisicidad. Sensación de que estamos allí.

¿Qué pasaría si un escritor hiciera relatos en otra tradición? ¿Si de pronto se inspirara en Ballard o en la ciencia ficción de Aldiss? ¿Y si usara a Maupassant y no a Chéjov? ¿A Tolstoi, en vez de a Dostoyevski? ¿Y si un guionista o un director partiera de Spielberg y no de Godard? ¿De Hitchcock y no de Antonioni? ¿De Fellini y no de Antonioni?

Cada crítico es una mirada; una actitud frente al cine o la literatura. Se me dirá que ellos no son “personalistas” y que aplican criterios estéticos o históricos. Bueno. Lo cierto es que hay varios criterios de estos. Por tanto, esta crítica es igual de subjetiva en cuanto que es una decisión personal, tras, se supone, unos estudios correspondientes (¿y tal vez un profesor que también les “orienten” adecuadamente?) de qué estética, y qué autores forman parte de la tradición “correcta”.

Un buen profesor debería hacer ver a sus alumnos, en un taller, en un aula universitaria, toda la variedad de estéticas que existen y en las que buscar inspiración. ¿Se imaginan qué habrían hecho Marías o Vila Matas si sólo hubieran creido respetable la obra de Galdós?